El agua es un elemento en el que se pueden hacer ejercicios de meditación con la conexión del medio acuático y la atención al presente. Supone un encuentro con nosotros mismos.
El agua guía y permite regresar a la armonía.
La meditación acuática hace de puente con la vida. Una vez se entra debe estar caliente y hay que deslizarse contactando con ella, abriéndonos paso y guardando la atención y la vibración.
Una sesión de meditación en el agua se puede hacer individual o en grupo. De modo colectivo el encuentro se realiza en una sala junto a una piscina. Se empieza sentado para concienciarse del cuerpo y habilitarlo, sintiéndolo y conectando con la meditación.
La mirada debe ir hacia adentro sintiendo la vitalidad del cuerpo y la respiración debe ser consciente.
Las sesiones individuales se estructuran en un encuentro como los grupales. El inicio es similar: se medita en la sala, se contacta con el cuerpo, se respira y se entra en el agua de forma conjunta o bien uno guía al otro.
En esta sesión el contacto es más alargado. Tras recibir una sesión la persona se siente como si estuviera en los brazos de su madre permitiéndole abandonarse, descansar y confiar.
Los beneficios de la meditación en el agua llevan al aumento de la propia sensualidad inocente, contribuye al aprendizaje en la autoconfianza y en el resto, relaciona a los demás desde la unidad, ve el miedo sin asustarse y las emociones sin dejarse llevar por ellas.
Lleva a la vida normal la alegría de vivir siendo testigos de los pensamientos sin entrar en ellos; algo que ayuda a cambiarlos acelera la conciencia y mejora la vitalidad, la resolución de miedos y modela el cuerpo.
La duración de la misma se aproxima a una hora para después tumbarse e integrar lo que se ha vivido.
El practicante de este ejercicio se acuesta, se relaja y se pone una toalla para acomodarse. Tras 20 minutos de descanso se comienza a compartir la experiencia aportando y adquiriendo lo que ha vivido el resto.
Meditar en el agua permite despertar la conciencia, según Marina Borruso.
Este ejercicio fluye desde la propia naturaleza ya que el agua hace más fácil que se medite sin la incomodidad del cojín por lo que se vuelve en algo natural.
Así se simplifican las decisiones trascendentales personales y las relaciones difíciles integrando las emociones, liberando traumas y se consigue que todo fluya con más naturalidad.
Hay que cerrar los ojos y conectar consigo mismo. El contacto con el agua nos abraza y es necesario abandonarse. No hay que estar quietos porque el agua nunca para y vamos a ser como ella, es decir, flexible.
Al cerrar los ojos se permite que cada uno esté consigo mismo y en contacto con el agua que lo rodea, que lo sostiene y que verdaderamente lo abraza.
Lo más sugerente es abandonarse: quedarse quieto. Si surge un movimiento del interior será de la vitalidad que poseemos. Ese movimiento no viene de la voluntad de la cabeza, o con una intención en los pensamientos, sino que aparece acompañando el movimiento del agua que nos mueve.
Así el cambio viene de la conciencia, permite recordar y liberar pensamientos antiguos.
Con meditametantra.es puedes aprender a meditar y conocer los beneficios de esta práctica para el cerebro.
