Vivir en una ciudad lleva a la gente a ir corriendo a todos lados, a comer deprisa y a no pararse a pensar ni tan siquiera en el trayecto del metro.
Por este motivo, y aprovechando el pasado puente de Todos los Santos, puse en práctica un ejercicio de meditación.
Decidí poner solución al estrés del trabajo saliendo, en mi caso, de Barcelona. Me fui a un pueblo de la sierra y allí pude sentir el aire fresco.
Puse en práctica un ejercicio de meditación en la tarde del domingo. Después de la comida y un breve reposo, cogí mi mascarilla y me fui a caminar dos horas.
La primera media hora de ejercicio la hice relajado disfrutando del sol y del aire puro. Los siguientes diez minutos ralenticé la marcha, caminé muy despacio, cerré los ojos y sentí.
Sentí el aire en mi frente. Abrí mis manos para tener un mayor contacto y cerré los ojos.
En ese momento mi mente cambió de estado y me sentí totalmente diferente. Comencé a entrar en un estado en el que el mundo quedaba ajeno. No existían problemas ni preocupaciones y disfruté realmente del momento.
Cuando abrí los ojos había recuperado la calma, mis pulmones estaban completamente recuperados y mi abdomen se relajó.
El camino de vuelta tras la meditación me permitió ordenar las ideas en mi cabeza y sentirme mucho más relajado.
Un ejercicio simple, sencillo y práctico para hacer en cualquier momento.
Invito a todos los lectores a que lo intenten y si quieren tener más información sobre la meditación sigue visitando el blog donde pueden aprender a meditar y conocer todos los beneficios de esta práctica para el cerebro.
